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Para su Hija Mercedes Tomasa


Manuscrito original.
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REFERENCIA HISTÓRICA
Al terminar la Campaña Libertadora, el General José Francisco de San Martín se desterró voluntariamente en el viejo mundo.
En compañía de su Hija MERCEDES TOMASA viajó a Inglaterra y luego a Bélgica, fijando su residencia en la Ciudad de Bruselas, en uno de cuyos colegios inscribió como interna a la pequeña.
Fue entonces (1825) que el Libertador redactó para ella estas Máximas, que hoy constituyen un elemento insustituible en todo plan de educación para la juventud.
TRANSCRIPCIÓN TIPOGRÁFICA
MÁXIMAS PARA MI HIJA 1825

Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos.

2°.- Inspriarla amor a la verdad, y odio a la mentira.
3°.- Inspirarla una gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto.
4°.- Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres.
5°.- Respeto sobre la propiedad ajena.
6°.- Acostumbrarla a guardar un Secreto.
7°.- Inspirarla sentimientos de Indulgencia hacia todas las Religiones.
8°.- Dulzura con los Criados, Pobres y viejos.
9°.- Que hable poco y lo preciso.
10°.- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa.
11°.- Amor al Aseo y desprecio al Lujo.
Inspirarla amor por la Patria y por la libertad.
 
1.°- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre Animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos.
Cada persona tiene su modo de ser, su manera de accionar, su forma de proyectarse hacia los demás. Ello determina la personalidad, y a la personalidad la particulariza el carácter. En el justo equilibrio de estas cosas va implícito la expresión del carácter. Pero ese carácter debe ser llevado, con tacto y pulcritud, hacia la convivencia armónica, hacia formas adecuadas que esa convivencia impone. Su humanización habrá de permitir una leal proyección hacia los demás; tendrá que mostrar el gesto franco, la mano cordial que acerque y abra las puertas del espíritu, en una amplia actitud de solidaridad humana. La sensibilidad hará que cada uno sea capaz de sentir como propio el sentir y el vivir de sus semejantes. En esa humanización estará encerrada la intención cristiana de “amáos los unos a los otros”. Porque si es la voz de la conciencia es la voz de Dios. La invitación de Stern a una mosca, es el retrato nítido de quien tuvo siempre, como acción y fin, la libertad, pasión permanente de nuestro Libertador. También es cierto que todo cabe en el mundo cuando se abre el espíritu y, si quedara alguna brecha, recordemos el consejo de Amado Nervo: “si hay un hueco en tu vida –llénalo de amor”–. Humanizar y sensibilizar el carácter es también, concretar una actitud franca de leal convivencia y de comprensión limpia de quienes nos rodean y comparten nuestro quehacer.
 
2°.- Inspriarla amor a la verdad, y odio a la mentira. Volver
Cuánto camino allando; cuánta puerta abierta; cuánta mano caliente de afecto y cuánto ánimo dispuesto, podemos encontrar en el culto austero y en la práctica del amor a la verdad. Deformarla, negarla, ocultarla, son las maneras de vivir empeñecidos, lastimados espiritualmente, empobrecidos, despreciados. Sólo sobre y con la verdad es posible construir un mundo mejor, en la concreción de una vida digna. Los débiles estiman que no es fácil practicarla; claro, es necesario el permanente ejercicio de la misma. En su vigencia, en su permanencia, está implícito el odio a la mentira, que es siempre falaz, dañina, medrosa, pequeña. Si la verdad libera, la mentira somete y castiga. El espíritu libre usa siempre la verdad, ya que es ella la razón de su libertad; con la mentira van la debilidad, la sordidez, la estulticia. Cuando Carlyle nos recuerda que “dondequiera encuentres una mentira, acaba con ella”, otro filósofo nos impone: “Atrévete a ser veraz; jamás hay algo que necesite una mentira”. Encierra esta máxima una constante de su vida: soportó ingratitudes, sobrellevó mortificaciones de toda índole, vivió todos los sacrificios, disimuló con cristiana generosidad todas las ajenas debilidades, pero sus labios no conocieron nunca la pequeñez de la mentira. Fue su verdad plena, como fue plena su vida de claridad ejemplar. Y, como cabal filósolo, también su alma se llenó de luces, recordando que era verdad aquello de que “iréis a la verdad por la poesía y yo llego a la poesía por la verdad”.
 
3°.- Inspirarla una gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto. Volver
La fuerza motora de toda acción radica en la confianza con que ella se afronta. De por si esta condición significa fuerza de ánimo, firmeza de realización, capacidad de acción. La confianza, diríamos, es nervio y motor de todas nuestras mejores realizaciones. Es que actúa no sólo como impulso sino también como consecuencia; consecuencia de decisiones y decisión de consecuencias. Aptitud que indica firmeza interior, voluntad indeclinable. Es la mano que nos lleva, decididamente, a actuar sin inhibiciones, con plena conciencia de firme responsabilidad.

“La amistad es el alma de dos cuerpos”, dijo Diógenes. Esto encierra una indudable verdad, una profunda verdad. La amistad es el lazo de unión de sentimientos vertebrados en una seria similitud de pareceres, la elevación de mirar en la misma proyección de intenciones; es “el amor sin sexo” de dos cuerpos que comparten un alma; el lazo capaz de unir en una amplia conjunción, dos modos de sentir, en un mismo sentimiento. En esta consubstanciación de espíritus en una misma vibración. Confianza para hacer; respeto para merecer y amistad para ser.

Es cierto pues que la amistad une en el respeto y la confianza, es la fuerza que impele a la acción.

 
4°.- Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres. Volver
De profunda esencia cristiana, esta máxima encierra no sólo un consejo sino también una filosofía normativa. Si bien la caridad es el gesto generoso trasladado en silencio con una alta porción de amor, con el límite de sobriedad y austeridad que su expresión impone, no es menos cierto que ella es, para quien la recibe, la actitud que llega a tiempo, calladamente, para paliar una necesidad, para ahorrar un dolor o para disimular una mortificación. La caridad es la actitud hacia nuestros semejantes, de nuestra comprensión y nuestra solidaridad. Es, asimismo, el mandato divino que nos congracia con Dios y con nuestro espíritu, en la medida que sepamos llevarla con modestia, sin exhibicionismos. Porque la dimensión real de la caridad va implícita en la prudencia de su administración y en el calor de su entrega. Porque el pobre, el necesitado, aquel que llama a nuestra caridad, es sensible en grado sumo, el gesto amistoso, a la franqueza de intención y de realización. ¡Demasiado castigo la pobreza!. Por eso la caridad es la voluntad divina que transita por nuestras manos para llegar el alma doliente y acercarle luz; la luz de la bondad; la bondad del amor. Conocía muy bien San Martín, porque lo había medido en su real medida, cuánto y cómo sufren los pobres. Y, si bien, él mismo lo era de bienes materiales, cuánta riqueza guardaba su alma; cuánto amor dispensado con generosa prodigalidad.
 
5°.- Respeto sobre la propiedad ajena. Volver
El antiguo refrán “cada uno en su casa y Dios en la de todos”, expresa fehacientemente el sentido normativo de esta máxima. El límite físico de la ajena propiedad termina, bien sabemos, donde comienza la nuestra. La leyes determinan sus reglas y sanciones cuando vulneramos, o pretendemos vulnerar la cosa que no es propia. Tiene además, un sentido trascendente. Su expresión señala claramente que la “propiedad”, cualquiera que ella sea y de cualquier naturaleza, nos impone una forma de conducta que nace en el respeto para encaminarse hacia la rectitud. Lo que es de nuestros semejantes puede ser nuestro, o viceversa. Claro que la observación de normas prefijadas y su cumplimiento, hacen a la leal convivencia. Va en ella también la filosofía cristiana que abre posibilidad en el respeto, la solidaridad y la observancia franca del amor al prójimo, cuando nos recuerda que es menester amar a ese prójimo como a uno mismo.
 
6°.- Acostumbrarla a guardar un Secreto. Volver
El secreto es una avispa que aguijonea siempre nuestra humana debilidad. La fuerza que da carácter y fortaleza al ánimo es necesaria. Será secreto en la medida que seamos capaces de guardar y respetar. Es, por otra parte, una realidad que tiene forma y fin; que está y que vive; que nos cerca y nos impele; es siempre el acicate que pretende romper las débiles paredes de nuestra humana condición. Claro que hay en su observancia una sólida disciplina y una real vocación de ser fuertes. De ser inexpugnables. San Martín daba al secreto un valor positivo y exigía en su observancia plena firmeza. Fue inflexible en su disciplina y supo hacer, de y en sus hombres, un culto del secreto y su expresión. Cuando señalaba que ni su almohada debía conocer secretos, imponía a su conducta la rigidez de su cumplimiento. Cuánto secreto guardó su vida. Cuándo perdón dio su generosidad. El secreto fue, en muchas ocasiones, la vía del olvido que se impuso para olvidar inconcusas.
Saber guardar un secreto es ser depositario de una confianza. Y quien defrauda esa confianza es un ser despreciable.
 
7°.- Inspirarla sentimientos de Indulgencia hacia todas las Religiones. Volver
El Divino Maestro nos enseñó que es necesario “amarnos los unos a los otros”. Ese mandato encierra una hermosa lección de convivencia y de generosa apertura espiritual. En la entrega de amor que queramos y sepamos realizar, está la evidencia no menos bella de la tolerancia y de la comprensión. Si éste es mi Dios y señalo con el signo de la cruz mi creencia, mi fe, mi silosofía, todo ello está dictando el comportamiento adecuado, para quequepan en esa premisas, toda la medida necesaria para aceptar las otras creencias. Juan XXIII, el Papa Bueno, abrió las compuertas de esa indulgencia, de esa tolerancia hacia nuestros semejantes. Porque la indulgencia es generosidad, y porque todos cabemos en el reino de Dios y queremos ser aceptados en el convite inefable de una fe y de una verdad. Porque nos ha colocado en el alma un amor infinito para ser mejores; en los labios, las palabras para la dulzura y la bondad; en los ojos, la luz que ilumina los senderos de la vida, mientras marchamos, serenamente, hacia los límites de los días, con la esperanza de haber sido buenos o con el dolor de no haber sabido serlo.
Casi todas las religiones procuran hacer del hombre algo mejor, y si posible fuere, “a imágen y semejanza de Dios”. Que en eso se fundan todas las filosofías.
San Martín procuraba estimular en su hija, los mismos sentimientos que conformaron todos los actos de su vida, y a que ellos se fundaban en su inestimable amplitud de espíritu. Y por cierto que su hija fue fiel heredera de su mandato y digna depositaria de su fe.
 
8°.- Dulzura con los Criados, Pobres y viejos. Volver
La fuerza de la dulzura es tal, que es superior a cualquiera otra. Pero esa dulzura no será debilidad, complacencia inocua. Es indudable que la dulzura es de por sí un acto de generosidad; es la ternura del gesto, como que es también el gesto tierno. Es el calor de la mano. Es la voz de la tolerancia. Es la fuerza de la fe. Es la verdad del amor. ¿Cómo se sienten aquellos con quienes la vida fue avara en sus dones?. Si pobre, saben sufrir en silencioso pesar, la menguada porción que les ha correspondido. Si ancianos, contemplando el tiempo ido, irremisiblemente pasado, sin otra posibilidad de añorarlo. Pero bien lo dice el sabio: “Hacer misericordia y justicia es más agradable al Señor que sacrificio”.
Comprender a quienes nos sirven y ser dulces y generosos en su trato, es la manera más directa y fácil de lograr su colaboración y solidaridad. Es actitud cristiana, además. Asistir a los pobres de bienes materiales o de espíritu, es siempre obra de caridad. Pero de una caridad distinta en su esencia y en su forma. Es la caridad que llega a los corazones como una tenue y suave ternura; es la caridad del amor que, comprendiendo a la criatura que recibe, la respeta y la exalta. Es la caridad de Dios, sencilla en su expresión, generosa en el gesto, amplia en su concreción.
¿Cómo iba a olvidar San Martín a los criados, a los pobres y a los viejos, si su espíritu estuvo volcado siempre en el amor al prójimo, en la bondad y en la tolerancia?. ¿Cómo no recordarle a su Niña, si ella tendría que ser, andando el tiempo, la mejor expresión de sus sentimientos, la más cabal depositaria de su generosa filosofía?. Responde, por otra parte, a su positiva formación cristiana.
 
9°.- Que hable poco y lo preciso. Volver
“Cuando tu hables, tus palabras deben ser mejores que tu silencio”, sentencia un antiguo proverbio árabe. Si es cierto que somos prisioneros de nuestras palabras, esclavos de su expresión, también es cierto que ellas deben ser el resultado de una actitud consciente y de un examen prolijo y eficiente. Pitágoras nos aconseja que no hablemos con exceso para no enredarnos y tropezar. Ellas serán movidas por la certeza, la cordura y la verdad. No es la restricción del pensamiento y su transmisión a través de la palabra; es la concreción de la mesura, del equilibrio y de la verdad. Producto de la ecuanimidad y resultante de una circunstancia real y positiva. Al indicar “que hable poco y lo preciso”, determina que la sobriedad debe ser el cauce por donde transiten la convicción y la verdad. “Lo preciso” es justamente eso: el pensamiento claro, expresado con el lenguaje apropiado, ceñido a la estrictez de la idea. Es que siempre se debe decir lo necesario con lo necesario.
 
10°.- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa. Volver
No parece la expresión de un tiempo fenecido, esta Máxima. Porque es que se ha olvidado o equivocado la orientación de los jóvenes en la observancia de reglas sencillas y simples de convivencia. Costumbres olvidadas equivocadamente. Es necesario, impostergable, retomar la frecuentación de los buenos modales y de las sanas costumbres. Si de cierta manera se ha roto la cotidianidad austera, es menester tenerla en cuenta, frecuentarla. Nada hace más agradable a una persona que los modales correctos, la manera de acercarse a la vida en sociedad. El comportamiento lleva en si un sello de distinción y el reflejo de la crianza. Su aplicación es el modo de enseñar las pautas que deben regir todos los instantes, que deben ordenar la vida de los niños y mostrarla condición de los adultos.
Qué hermosa manera de advertir cómo ha sido su escuela hogareña y su posterior vida de adulto. Cuánto buen fruto recogido; se advierten las instancias de austeridad que condujeron su existencia. Porque si el tiempo decanta cosas, no modifica crianzas.
 
11°.- Amor al Aseo y desprecio al Lujo. Volver
El aseo no es solo el cuidado exterior, la higiene personal, la pulcritud en el vestir; es la adecuación del individuo a una seria y correcta manera de presentarse y de ser. Y es mucha más. El aseo, es por sobre todo, una severa instancia interior; es la adecuación espiritual a un concepto vital; es el ánimo solidario de respeto a los demás y hacia sí mismo. Es la actitud que valora, valorándose. Cuidar el aseo y amarlo, es amar lo bueno y lo puro, lo limpio y lo estricto; en ese amor se confunden “genio y figura”, en la totalización evidente de una manera de vivir, en el que se expresan modos de ser; en el que se señalan formas reales y concretas, objetivas y subjetivas. Cada individuo muestra qué es.
¿Cómo no iba a aconsejar San Martín el desprecio al lujo?. ¿Es posible encontrar, acaso, entre los grandes hombres que hicieron la historia de la humanidad, triunfantes y vencedores, un ejemplo más rotundo de austeridad, sencillez, humildad y modestia?. No es una mera instancia hacia una actitud: es la resultante de una indeclinable norma de su vida, de una conducta de sobriedad ejemplar, el perfil exacto de su personalidad. Es nada más, y nada menos, que la moral forjada en su hogar cristiano, en su actitud de creyente; porque en la grandeza de Dios, se encierran, siempre, la sencillez y la modestia.
 
12°.-Inspirarla amor por la Patria y por la libertad. Volver
Tiempo después que San Martín uniera en sus pensamientos las ideas de Patria y Libertad, un escritor argentino decía que “la Patria es la Libertad, pues donde no hay libertad no existe la Patria”. Pero, ¿qué es la Patria?. Joaquín V. González nos dice: “La Patria es una región superior donde se conforman todos los corazones, se hermanan todos los ideales, se combinan todas las fuerzas, se funden y convierten en afectos benévolos todos los rencores que la lucha por la vida enciende entre los hijos de un mismo hogar nacional”.
¡Cuánta produndidad tiene su sentido!. Es que la Patria no es sólo el límite físico, el suelo sobre el que se escribió su historia; sus hombres que, de una u otra manera, aportaron su caudal de pensamientos, de energía, de acción; la alta significación de sus símbolos; los amaneceres encantados de luz sobre su cielo y los atardeceres profundizados de silencios; la labor de sus hijos en todas las disciplinas; la duda y la certeza; el recuerdo y el presente; la alegría y la angustia; el dolor y la risa; la esperanza y el amor, en Dios y para Dios; para sentirla como una madre y vivirla como una realidad. Para que nos llene el alma de luz y con esa luz, no perder el rumbo; y, por sobre todo, merecerla. En Libertad. Con Libertad. Porque la libertad no es un bien que se hereda sino condición que se merece; no es una regalía, sino una responsabilidad. Es cierto que sin libertad no existe la patria, porque aquella le acerca a ésta la esencia fundamental del hombre y la condición natural de su vida.
Inspirarla amor por la patria es ponerla en el sendero embellecido de una alta y fecunda pasión, es ponerla en el alma la gracia de un sueño y en el corazón la semilla de una gracia. Es elevarla hacia la suprema venturanza del ser bien nacido, y hacer asimismo, que se sienta orgullosa de su herencia y merecedora de su protección. Amor por la libertad, porque de ese amor, profundo, sincero, sereno, íntegro, iluminado de verdad y enorgullecido de historia, tendrá la vida su sentido trascendente y esa trascendencia hará que se sienta orgullosa de una fe inquebrantable. Porque en el amor por la Patria y la Libertad se funden, íntegramente, el pasado y el presente de una historia que hace de sus hijos y para sus hijos el eterno sueño de que la criatura humana sea, verdadera y realmente, la imagen y semejanza de Dios.
 
En esta intención que acerca el General San Martín para la educación de Mercedes Tomasa, va la esencia substancial de su obra y la fuerza vital de sus sueños. Que nos ha dejado para nuestro orgullo. Y que sabremos custodiarla con firme y amorosa responsabilidad.
  MANUEL NICANDRO ARRIOLA Volver
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